Foros de discusión
Foros
Esta página se mantiene gracias a las aportaciones de algunos de sus usuarios y la ayuda de JARRITUS, Alcalde Sainz de Baranda, 32 - Madrid
 
 FAQFAQ   BuscarBuscar   MiembrosMiembros   Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios   RegistrarseRegistrarse 
 PerfilPerfil   Entre para ver sus mensajes privadosEntre para ver sus mensajes privados   LoginLogin 

Manuel habló en la cabaña
Ir a página Anterior  1, 2
 
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> El Gallinero
Ver tema anterior :: Ver tema siguiente  
Autor Mensaje
Manuel



Registrado: 27 Jan 2005
Mensajes: 1950

MensajePublicado: Sun Feb 07, 2010 1:20 pm    Asunto: Responder citando

Siendo casi un chaval, pero de los de veinticinco años de edad, recién casado, en el verano de 1979, había ido a presentarle a Olga una de sus posesiones: la casita de Candelario, casi colgada al paso del río Cuerpo de Hombre.

Presentada la casa, disfrutada hasta la saciedad la piscina municipal de Candelario, buscó otros rincones de las de ya al sur de la provincia de Salamanca, alquiló un apartamento en Linares de Rio Frío y ya allí subió hasta La Honfría con medio cordero metido en una bolsa de lona para tostalo al modo de lo de "a barbacoa". También llevaba una garrafa de dos litros del áspero y seco vino tinto de Sequeros.

En la Honfría había muchos acebos y ya era época en la que estaba rigurasemente prohibido talar cualquier arbusto joven y protegido-

Pero...pero...pero el amor, el romanticismo, la osadía y el asunto de querer hacer algo diferente le hizo prestar su atención a uno tal cual:



Lo limpió bien de hojas de ramas lo dejó a una medida de 165 cms., y se dijo:

—Éste será mi palo para el resto de mis días.

El palo no dijo nada.

Aramea seguía allá, como a cincuenta metros, dándole vueltas a las chuletas de cordero sobre la parrilla hierro.

Más de trienta años después Aramea ya no come cordero de lo tostado al aire libre porque, aunque continúa siendo muy romántica y montaraz, pues, se ha civilizado.

Pero Manuel sigue con el robusto palo de madera negra de acebo. Con tal palo recorre los 2.500 metros cuadrados que rodean la cabaña y espanta alguna que otra culebra que dormita en las piedras de las de junto al romero.

Nunca aprendió a menejar el palo al modo de a lo profesional, pero con el sujeto con su mano izquierda y teniéndolo bien afincado en el suelo, pues, se siente más seguro.


http://www.youtube.com/watch?v=8nBrOArVjEI

http://www.youtube.com/watch?v=SVknLuTBoss


447
_________________
"El pensamiento es una de esas cosas a las que siempre conviene agitar, antes de usarlas"
Manuel
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Manuel



Registrado: 27 Jan 2005
Mensajes: 1950

MensajePublicado: Wed Feb 17, 2010 9:23 pm    Asunto: Responder citando

—¡¿Hay vino?!—gritan
—¡Hay vino!—les respondo.
—Luego tomamos.

Y se van monte arriba a recuperar la juventud, que vive seiscientos metros más allá.

—¡Hala!—pienso. A ver si os da un arritmia y os percibís caer hasta un ángulo de 45 grados.

Otilia me llegó con un hombre muy alto, muy alto y muy viejo, muy viejo.

—Hola, soy Juan. Soy hermano de Otilia.
—Soy Manuel.
—Otilia me ha hablado de este sitio y de tus cosas.
—¿Pero habla?
—Sólo conmigo. Pero los buenos días los da a todo el mundo, aunque nunca espere la respuesta.
—Cuidado al entrar, que con tu estatura no se yo sí...
—Me doblaré.
—Cuidado al doblar, que a cierta edad y con tu estatura no se yo sí...

Entraron. Otilia se fue directa a por su jarra y se sentó en una banqueta; su hermano se sentó en el borde de una de las yacijas.

—¿Qué edad crees que tengo yo?

Juan es un hombre de los de con chaleco de paño abotonado por delante y con camisa de las blancas y mangas hasta el puño. Me inspiró un poco de crueldad y le dije:

—Hombre, es dificil. Pero no aparentas ni ochenta años. Bueno, sí;ochenta, sí. Pero muy bien llevados.
—Pues, tú ya no cumples los cuarenta—dijo.
—Cincuenta y cinco—respondí. Y me quedé con la lección, con el remojón de humildad que suelo recibir cada día.
—Es como tú—dijo Otilia—tendiéndome la jarra para lo de la leche desnatada.
—Se le ve—le contesté
—Dice mi hermana que sueles salir a la puerta y lanzar parrafadas sin que haya nadie que te esté escuchando.
—A veces, está tu hermana, algunas aves, algunas ardillas, el perro, la gata; pero le hablo al espacio.
—Al espacio...
—Sí. Al espacio
—Hablas sabiendo que nadie te va a responder.
—Eso. Es de las pocas ocasiones que tengo de hablar sin que nadie me corte la palabra.

Además de con chaleco de paño, Juan era un hombre de los de con petaca de las de para tabaco y de los de con encendedor mechero. con su rueda, su piedra y su yesca. Por supuesto que no preguntó si podía fumar ni pidió cenicero alguno.

—¿Quieres un poco de vino tinto—le dije.
—¿Buena cosecha?
—De cartón. De a un euro el litro.
—Buena cosecha.

Bebió y no se extrañó nada de que le sirviera el vino en una jarra de madera.

—Pues, yo vivo con Otilia. Los dos nos quedamos viudos. Habla poco, pero me cuida y me guisa y yo le voy contando historias, y algunas veces hasta parece que escucha.¿Tú con quién vives?
—Con Olga, allá, cerca del pueblo.
—Con tu mujer.
—No. Con Olga.
—Pero es una mujer ¿no?
—Tiene días. ¿Quieres más vino?
—No. Ya nos vamos. ¿Sabes? Tiene razón Otilia: eres un tío legal. Siempre te llama el misionero.
—Ya me lo ha dicho, ya.
—¿Pero a que no te ha dicho por què?
—Algo intentó decirme.
—Te lo diré al completo: mi hermana, un día que era jueves, creyó en Dios.
—Bueno, eso suele pasar. Pero al día siguiente ya se suele estar mejor.
—Mi hermana, no. Aquel día se acostó como de costumbre, después de haberse pasado media hora cepillándose el pelo, su brillante pelo negro. Cuando a la mañana siguiente se incorporó y se miró al espejo lo tenía completamente blanco. Y hasta hoy.
—Pues, no sé yo si volviendo a creer en Dios tendrá arreglo la cosa. Bueno: suelo poner el nombre en las jarras, tú eres Juan; si vuelves por aquì procura no olvidarlo.
—¿Qué le pasa al perro?
—Nada. Que tiene complejo de barquero. Os lleva hasta la muria.


http://www.youtube.com/watch?v=2g_RdwI_J-I









_________________
"El pensamiento es una de esas cosas a las que siempre conviene agitar, antes de usarlas"
Manuel
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Manuel



Registrado: 27 Jan 2005
Mensajes: 1950

MensajePublicado: Fri Feb 19, 2010 7:00 pm    Asunto: Responder citando

Juan volvió al día siguiente, volvió solo, pero con un cartón de vino tinto. Y no me pareció bien, pero me posicioné en situación de lo de disimular y le di las gracias.

—Te iba a traer una botella de Marquès de Cáceres. pero sabía que desentonaría.

Se sentó—esta vez en una banqueta—estiró las piernas y ocupó media cabaña. Le tendí la jarra recién rotulada con la palabra "Juan", y le serví vino del propio cartón que había traído.

—Cuando ayer dijiste lo de que hablabas al espacio ¿a qué espacio te referías?
—Pues, a todo aquel que me alcanza la vista. Cuando llueve y las nubes están bajas, al espacio que llega hasta las nubes; cuando está despejando y por la noche alcalzo a ver las estrellas, hasta el espacio que llega hasta las estrellas.
—¿También hablas por la noches? ¿A los extraterrestres?
—No. Todavía no llego
a pensar en esas cosas. El día que lo piense acudiré a un psiquiatra y me atendré a lo que él disponga. Hablo por la noche, sí; pero no pienso en a quién hablo.

Se puso a fumar y esta vez sí; esta vez si le tendí un cuenco de latón como de unos quince centímetros, de los que teníamos por casa para colgar plantas y que se viera hermoso el reluciente metal y el verdor de lo vivo que crecía en su interior. O sea: cuenco, en su interior un platillo de cerámica y tiesto de plástico y dentro del tiesto una planta.

—¿Te preocupa la limpieza?
—Hombre...Cundo compré esto, ponía "Se vende cabaña de pastor". Si hubiera puesto se vende "Pocilga para guarros", pues, no lo habría comprado. Trato de mantener la consecuencia.

Se quedó fumando y sonriendo, pero tiró la ceniza en el cuenco.

De todo desconocido vasco o castellano (hay más, pero los tales son los que más conozco), siempre que comienza una relación de las pensadas para amistad, espero la misma pregunta:

—¿Y usted en què trabaja?

Entonces, resulta muy dificil no ser borde, por mucho que la pregunta merezca un comportamiento tal. Juan es castellano.

—¿Y tú en qué trabajas?
—En dar respuestas falsas a preguntas inocentes. No, perdona. Verás: doy valor a lo que no lo tiene.
Compro cosas que los demás no quieren, las restauro a mi manera y luego las vendo o las alquilo a quienes las desean.
—¿Un trapero?
—Algo así. Pero fundamentalmente de piedras y metales.
—¿Como los gitanos?
—No, exáctamente. Los gitanos no suelen restaurar. Pillan lo que pueden y luego lo venden al peso.
—¿Y esta cabaña?
—Esta cabaña fue un capricho de juventud. Ya sabes: la edad romántica. Estaba de moda lo de ser original.

Bajó la cabeza, se pùso a mirar al suelo como si buscara una hormiga y luego dijo.

—Tienes buen criterio para lo de la edad. Tengo 84 años. Todo el mundo me dice que aparento 70, pero tengo 84 años.¿Por qué te has imaginado que era tan viejo?
—Por la mirada.
—¿Por la mirada?
—Sí. El hombre que mira igual a sus veinte años que a sus ochenta años es que ha nacido con mirada de ciego, de los de con ojos, pero sin vista.

Veinte minutos después llegó Olga. Traía el Clio color humo. Para ella subir a la cabaña es como ir al extranjero, pero sin repostar. Aparte del Clio, también trajo comida: algo que había hecho y que quería que yo probara. Era una disculpa, pero bueno sabiendo que una disculpa lo es, ya pasa a lo de "sin importancia".

Juan se fue, no sin antes preguntarme si aquella mujer era mi mujer. Le dije que sí. Le dije que sí, porque si le digo que no, que yo era su hombre, seguro que no me iba a entender, pese a toda su vejez, cosa la cual rara vez suele acompañar a la sabiduría.

—¿Este perro como se llama?
—Dingo—respondí.

El perro volvió a la cabeza me miró, y ya comprobado que le había mentado para nada volvió la cabeza a su estar: a vigilar jilgueros.

—¡ Dingo!—grito Juan.

El perro no movió ni una oreja.

—Oye: que no atiende por Dingo.

—Sí atiende. Pero tiene que ser dicho con un timbre de voz. Dingo...

El perro me volvió a mirar, pero con una mirada de desolación y aburrimiento, como si estuviera ponderando la perentoria necesidad de emanciparse. De todas las estupideces que de mi pueda percibir, me permite las justas y dos más.

Juan se fue con el perro tutelando su recorrido. De vez en cuando le oí gritar:

—¡Dingo!

Y el perro sin volver a la cabeza y pasito a paso al modo de si quieres arroz.

—¡Dingo!

Y más de lo mismo.

—¡Jodío perro de mierda!

Y nada. Hasta la cerca, hasta junto al romero. Allí se aparto un poco y se quedó mirando a Juan.

—Tan viejo y tan necio—debiera decirse que pensara.

Aramea habia venido para quedarse, claro. Había traído una camisa larga de las de hasta los tobillos, de las de ducharse a la intemperie. Andaba arrimada a la vitrocerámica, tratando de explicame que había hecho una carne guisada que le habìa salido muy bien y que quería comerla con patatas y pimiento fritos. De vez en cuando miraba para donde lo de las jarras de madera y hacia un gesto de repulsa.

—No sé cómo lo puedes soportar—dijo.
—Son casi humanas.
—Son casi guarras—replicó.

Tampoco era cuestión de llevarle la contraria. Había venido.
Había venido y tocaba al modo de lo de en yacija.


http://www.youtube.com/watch?v=UDj-oF8Nlfk




525
_________________
"El pensamiento es una de esas cosas a las que siempre conviene agitar, antes de usarlas"
Manuel
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Manuel



Registrado: 27 Jan 2005
Mensajes: 1950

MensajePublicado: Wed Feb 24, 2010 2:06 pm    Asunto: Responder citando

Juan murió al día siguiente de la quinta vez que visitó la cabaña.
Manuel no tuvo ocasión de acudir ni a sus funerales ni a su entierro-

Sí tuvo noticia de que la causa de la defunción fue la de siempre: parada cardio respiratoria.

Y sí llego a saber que el médico que atendía a Otilia y a Juan había matizado algo más, pero ya de forma verbal.

Matizó que el desencadenate de la muerte de Juan le había sobrevenido en estado de parado, o dicho de otro modo: de pie. Que se le habia desencadenado un estado arrítimico , y que había psado de la vertical 90 al 0 en dos segundos. Cuando lo encontraron tovavía sangraba abundantemente por la frente. No hubo forma de recuperarlo.

Se lo dijeron a Otilia, y la buena mujer sólo acertó a decir:

—¡Pobre! Ahora que se iba a operar de cataratas.

Y ya luego siguió con sus cosas, que eran ninguna, pero que requerían tiempo.

Olga le reprochó a Manuel el que no hubiera acudido al funeral.

—Un día te mueres tú y somos cuatro en la iglesia para decirte adiós.
—Ya. Y conmigo cinco y sobráis tres.

Cuando acabó con lo de Torrejón y volvió a la cabaña, no faltó un "peregrino" que le dijera:

—En la noche en que murió Juan, hay un vecino que cuenta que tu perró aulló al modo de lo de película.
—Es probable—respondió Manuel—. Será por eso que es tan raro. Habrá sido artista de cine.

Lo primero que hizo fue beber vino a morro directamente del cartón que le había traído Juan. Y ya luego vertió el resto en el fregadero.

Después cogió una azada y la jarra rotulada "Juan" y salió de la cabaña. Todavía no había dado ni dos paso prado allá, cuando el perro ya se la habìa puesto delante y caminaba hacia un lugar concreto de lo de junto al romero

Allí se paró, allí cavó Manuel un pequeño hoyo y allí enterro la jarra. Él regreso; pero el perro, no. El perro se quedó acostado sobre el hoyo, con las patas delanteras extendidas y la cabeza erguida.

—Seguro que fue artista de cine—pensó Manuel, sin darle más vueltas al asunto.

Puerta adentro, a la derecha, estaba el rincón de los aperos, que eran cuatro y la vara de acebo. Estaban la palade tierra, la pala de dientes, la guadaña, la azada y eso: la vara de acebo. A la izquierda estaban los dos grandes cuencos. imp spbre otro. El de abajo con las latas de sardinas, el de encima con los trozos de pan duro.

En el entorno no había ratas: de las chiquitinas se encargaba la gata; de las ya más grandes se encargaba el perro. También había dejado de haber culebras. Al fin y al cabo tales bichos buscan la tranquilidad, y con tal perro no había posibilidad de encontrar la paz en todo el predio. Él se encargaba de hostigarlas, sin ningún afán de hacerles daño, pero con bantante talante disuasivo como para hacerlas permanecer monte arriba o, dado el caso, como para hacerles irse monte abajo.

La tarde la del entierro de la jarra de Juan, se la pesó Manuel pensando en hacer una de dos cosas:.

Hablar al especio habido de nubes abajo, donde le podría escuchar Aristóteles o mirar con sorna Napoleón; o bien pasársela meditando.

Y optó por lo segundo: meditó. Poco, pero meditó.

En una visión retrspectiva de sus últimos treinta años, concluyó que su vida había sido un fracaso con lo de las mujeres. Sólo había amado a diecinueve. Bien es cierto que fueron amores de los completos y que lo platónico no había tenico cabida en su vida. Pero sólo habían sido diecinueve.

A dos, además de lo de al completo las había amado intensamente, casi mucho. A Olga la seguìa amando y a Nellú Álvarez la amó todo su vida, pero ya a la forma de lo de sin ronce.

Nelly Álvarez lleva 38 días en coma profundo en una cama del Hospital de Oviedo. Manuel no ha ido a verla ni le ha mandado flores porque en la unicades de cuidados intensivos las flores son casi un insulto premonitorio. Manuel se limita a ir a Oviedo cada semana, atravesar la ciudad, subir el monte Naranco y dejar el coche embocado de cara al barrio del Cristo, a cinco metro del pecipicio. Apaga el motor, eso sí. No vaya a ser que se le cale y con dos brincos se le vaya al vacio.

En la pandilla, Nelly y Mauel habían sido como el agua y el aceite. Nunca coincidieron en nada. Se eludían. La una sabía mucho del agua y el otro lo sabía todo del aceite.

Sin embargo, en las tardes de marcha, cuando cada cual se iba yenso a su casa, los más reticentes en irse a dormir siempre habían sido Nelly y Manuel. Se quedaban a solas, rodeados de los vasos ya vaciíos, sin nada que decirse, Casi desamparados porque a cada uno de sus amigos y amigas les estaba esperando alguien en sus hogares y a Nelly y a Manuel no les esperaba nadie en sus respectivos hogares.

Una tarde de viernes se habían ido todos, diez o doce, a Gijón, a las rutas del vino. Nelly y Manuel habían llevados coche; lo había llevado ella y lo había llevado él. Y allí estaban una vez más, en silencio, en la mesa, rodeados por lo vasos de todos los que ya se había ido. No era cosa de pedir algo más por el asunto de que despuès había que conducir. A Manuel se le ocurrió decir:

—¿Damos un paseo por El Muro?

y ella respondió:

—Bueno.

Un bueno que casi era como una contraoferta:

—O nos ahorcamos para tener mañana algo que contar sobre lo bien que lo hemos pasado.

Comenzaron a pasear desde "El Náutico" y en dirección al Puente del Piles. El Paseo Marítimo estaba desierto. A la altura del "México Lindo" se sentaron en un banco de los de madera a contemplar la rayita del horizonte que perfilaba la marea baja. Iban contando las luces de los barcos que allá, como a seis kilómetros mar adentro pasaban de Bilbao a La Coruña, o al revés.

Se sentaron cada uno en un extremo del banco, como si tuvieran reparo en poder llegar a contagiarse algo.

—Aquel lleva tres luces—dijo Nelly indicando a uno que venía del oeste—-Y para indicarlo se inclino de costado y al inclinarse de costado se acercó como unos diez centímetros a Manuel.

—Y aquel que viene por el este trae cinco—dijo Manuel. Y para decirlo se inclinó de costado y al inclinarse se acercó como unos diez centímetros a Nelly.

Y barco a barco, y como muy asombrados, se encontraron con que estaban como unos quince centímetros el uno del otro, mirando al mar, eso sí; pero casi tocándose. Entonces Nally hizo una cosa muy extraña: Se llevó el dedo índice a la boca, lo hemedeció y luego extendió el brazo y lo pasó por los labios de Manuel.

Fue un momento tenso en el qué él pareció no saber qué hacer: si seguir mirando al mar o relamer la humedad que Nelly había depositado en su labios. Optó por relamerse, pero inmediatamente miró al mar.

Ahora bien: antes de que hubiera podido hablar de las luces de algún otro barco, Nelly había vuelto a extender el brazo esta vez sin humedecer ningún dedo, sino para introducir su propio dedo en la boca de Manuel y humedecerlo allí con su saliva. Luego retiró el brazo y se pasó el dedo humedecido por su propios labios. Y se relamió.

Manuel no tuvo tiempo a hacer cosa alguna, por Nelly se incorporó y preguntó:

—¿Seguimos?

Y sí: siguieron paseando uno al lado de otro, guardando una distancia de la de en fila, como de medio metro.

No pararon en el Puente del Piles; siguieron.

Siguieron hasta la rampa de la Playa del Cervigón. Allí, y casi sorpresivamente, Manuel sujeto a Nelly por la cintura y la elevó como treinta centímetros sobre el suelo, para luego descenderla trayéndola hacía si y ya al bajar, pasarle la lengua por los labios.

Bajaron la rampa hacia la playa y ya sobre los cantos se dieron de besos y empujones más de los que de luces de barcos pudieron pasar por el horizonte, desde las once de la noche hasta las cinco y cuarto de la madrugada del día siguiente.

Fue la primera vez de las de para Nelly y el décimo séptimo amor para Manuel. De regreso a Nelly le costaba caminar y Manuel trataba de disimular que estaba completamente agotado

http://www.youtube.com/watch?v=Nx7vOb7GNBg&feature=related



_________________
"El pensamiento es una de esas cosas a las que siempre conviene agitar, antes de usarlas"
Manuel
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Manuel



Registrado: 27 Jan 2005
Mensajes: 1950

MensajePublicado: Sun May 16, 2010 4:40 pm    Asunto: Responder citando

Ayer, como a media tarde, no serían ni las cinco, sacó los dos cestos: el de las latas de sardinas y el de los trozos de pan duro.
Estaba visiblemente desmejorado, pálido, con los ojos inquietos y las manos torpes.
Vestía de negro, casi funerario. Un luto propio de su meridiano y paralelo.

Dudó bastante antes de comenzar a hablar. A su derecha, la gata, Madre, con su mirada acusatoria no le perdía la cara. A su izquierda, el perro amarillo miraba al frente, al desierto auditorio. Sólo miraba. Presumirle estar buscando algo con la mirada, sería mucho presumirle. Más ajustado sería decir que estaba allí, y mirando al frente, por allí estaba él: Manuel.

Y por fin comenzó a hablar:


—Hermanos en mí—dijo.
Yo bien sé que Aristóteles, más de trescientos años antes de yo haber nacido, lo dejó dicho todo. Y que más de 2.000 años despùés sigue habiéndolo dicho todo.
El que yo os hable, y hoy una vez más, no es con la intención de cuestionar nada de lo que haya dicho tal fulano. Puedo cuestionar, si acaso, su notable desprecio por Platón, que si bien era algo fantasioso y frívolo fue el portador de la palabra catalizadora, sin la cual,
todo lo dicho del todo no se convierte en metal, en el útil metal, sino en una masa amorfa en la que el todo duerme su noche de bodas con la nada, tirado en cualquier escombrera.

Es importante. hermanos, ejercer la humildad de la más rigurosa metodología: ir siempre de lo menos a lo más, ir siempre en el paso a paso, anotar todos y cada uno de vuestros pasos, por si tenéis que desandar el camino, pisando, precisamente, en todas y cada una de las huellas que en él hayan dejado vuestros pies; precisamente vuestros pies y no no los ningún otro hacedor de caminos.
Habéis de buscar el punto concreto de error y una vez subsanado volver a andar lo desandado y seguir caminando.

Pero también es importante la fantasía, el que aprendáis a construiros mundos que sólo tienen cabida en vuestra imaginación. Es importante, por si se da el caso, y suele darse, de que de la fantasía a una nueva realidad no haya mas distancia que la que pueda haber de una realidad dada por buena a una quimérica fantasía.

Tal ejercicio os llevara al conocimiento ya no sólo de lo que no sois, sino a la justa medida y peso de lo que sois.

Porque oiréis a los necios por calles y plazas jactándose de lo que no son. Pero jamás oiréis a un necio jactándose de que lo es.



No habían venido ni los mirlos, ni los jilgueros, ni las ardillas y, dada la hora, por no estar no estaba ni Otilia. Y, además, había comenzado a lloviznar

Con gesto abatido. con cierta torpeza en el andar, recogió los dos cestos, se metió en la cabaña y se tumbó en una de las dos yacijas. Madre se acostó a sus pies y Dingo se quedó a la puerta mirando siempre para algún sitio, del que él sólo sabe y del que no hay ninguna probabilidad de que se lo cuente a nadie.

http://www.youtube.com/watch?v=-iqgZPtC_OU&feature=player_embedded#!



Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Manuel



Registrado: 27 Jan 2005
Mensajes: 1950

MensajePublicado: Sat Jun 12, 2010 3:47 pm    Asunto: Responder citando

Lleva tres días lloviendo, tres días, tal como si su pretensión fuera el hacerlo tanto
de ancho como de alto.

Pensé en el fango, pensé en el allá arriba; pensé en las ardillas que no podrán encontrar el pedacito de tierra donde enterraron su nuez, pensé en los gorriones con sus plumas mojadas y pensé en los jilgueros.

Entonces, fui y compré tres quilos de nueces de las llamadas "de California", en casa recogí como dos quilos de semilla de césped, medio quilo de cebada y algo más de un quilo de grano de trigo.

Subí sin la gata porque tampoco era cuestión de que nos mojáramos todos.
Arriba fui aventando las nueces a mi alrededor tan lejos como alcanzaron a hacerlo la fuerza de mis brazos.

Ya luego, sembré todo el perímetro de la cabaña, a puñado limpio, con el trigo, la cebadas y las semillas de césped.

Abrí y me senté en una banqueta a contemplar como llovía. Entonces, llegó Dingo,
completamente mojado, más marrón que amarillo. Se me quedó mirando desde la puerta, luego avanzó con su paso a paso hasta poner el hocico en mi ragazo.

Y por primera vez, en lo poco que conozco de su puta vita, me lamió las manos.

Le coloqué una toalla por encima del lomo, encendí la vitrocerámica para dar un poco de calor al recinto y ya al paso para calentarle un poco de leche desnatada.
Él también tiene su jarra de madera. Sólo que en vez de estar rotulada con el nombre de "Dingo", lo está con el nombre de "Perro".

Más que nada por si un día me muero y quien me herede no se vaya a creer que Dingo es un paisano y deje de darle al perro algo de leche caliente, en tales días como lo es el de hoy.

http://www.youtube.com/watch?v=PyZg3FdxJG8&NR=1



Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Manuel



Registrado: 27 Jan 2005
Mensajes: 1950

MensajePublicado: Wed Aug 11, 2010 2:59 pm    Asunto: Responder citando

Cita:
¡Hola Tresdabril!
No hay mensajes de correo electrónico no leídos en tu Bandeja de entrada Bandeja de entrada (0)
¿Tienes algo para compartir?


¿Cómo les cuento yo a esta gente que lo que tengo que compartir lo comparto siempre con mis grandes amigos de "Cafédeartistas" y con otros amigos similares?

No, queridos amigos de "Yahoo.es". No tengo nada que compartir.
¡Hombre! Tengo vino tinto de cartón, de los de 69 céntimos el litro, servido en jarra de madera.
Ahora bien: la jarra hay que traerla puesta, porque mis catorce jarras ya están todas rotuladas, ya tienen su usuarios, y no están los tiempo como para lo de los desembolsos.
El vino, eso tan español, tan chileno, tan californiano, tan francés, tan italiano, tan griego, etc.etc.etc., pues, sí: ése sí. Ése siempre lo habrá. De a menos de un € el litro, pero lo habrá.

Ha quedado bien el recinto para lo de las comidas al aire libre. Es una gran herradura con la abertura hacìa el suroeste. Como no es cuestión de plantarle nada durante el verano, le he puesto un cierre artificial de esos que venden en los grandes supermercados de jardinería.

Cuando se vayan los 37º, de lo de irse hasta el año que viene le plantaré ramitas de boj para que se vayan acostumbrando a crecer y ya para dar el gran estirón en la próxima primavera, que la habrá. Hasta el año 2015, la habrá.

Para el año 2015, váyanse comprando ropa de mucho abrigo, no vaya a ser que le dé al tal año por ser un año de inviernio perpetuo.

Dicho así y si no fuera dicho por un fulano que hace algo más de tres años les habló de una paloma llamada "Pandora" y de la que nunca más se supo, salvo que sigue viva, pues, la cosa no tendría gracia. Ahora bien: dicho por el tal fulano, pues, la cosa tampoco tiene gracia.
Recuerden : es el día 3 de Mayo de 2015, a las cinco y cuarto de la madrugada, seis horas menos en Washington DF, siendo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, en su segundo mandato, el burgués de buenos sentimientos y piel negra, Sr. Obama.

Arturo sigue insistiendo en que me compre cuatro docenas de sardinas grandes y frescas para estrenar el "comedero", el "pesebre" de La Cabaña. Y yo sigo respondiéndole que bastantes enemistades tengo ya, como para enemistarme con las ardillas, con los jilgueros, con los mirlos, con el romero y con Dingo.

No. No habrá sardinas. Habrá cinco quilos de pechugas de pollo, aromatizadas con un cuarto de quilo de tomillo y bañadas en medio litro de aceite de olviva del de Lérida; pero no habrá sardinas. El pollo me costará 25€, el tomillo será gratis, la leña para la brasa será gratis, y el medio litro de aceite de oliva de Lérida tendrá un precio que no es como para escribirlo en internet.

Lo del pan, me ha prometido Otilia llevar 3 hogazas de las que hace ella, que son hogazas de las de llevarlas rodando. A ver cómo se arregla.

Cantaremos a la Virgen de Agosto, que si no la hubiera habría que inventarla; veramos las estrellas fugaces, de las que ahora llaman Persehostias y ya de madrugada regresarán todos más ebrios que sobrios y además cuesta abajo. Lo bueno es que no tiene pérdida. Si no se tuerce el volante, se va al río y en ésta época no lleva más de 60 centímetros de agua, de la de profundidad.

En el pueblo, la Guardia Civil no trabaja por la noche, salvo cita previa.

Todo irá bien.
_________________
"El pensamiento es una de esas cosas a las que siempre conviene agitar, antes de usarlas"
Manuel
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Manuel



Registrado: 27 Jan 2005
Mensajes: 1950

MensajePublicado: Sat Aug 14, 2010 5:42 pm    Asunto: Responder citando

Aquel día, Manuel optó por sacar la mesa de tijera, de las de comer afuera..
Y sobre tal mesa colocó las siete jarras de madera, que todavía estaban sin nominar.
Estaba cansado de hablar para plantas y animales.
Y para Otilia.

Sacó el canasto del pan duro y el canasto de las sardinas en lata.

Se pasó la mano por el pelo, levantó la vista, la fijó en las jarras, tomo aire y dijo:

"—Hermanos en mí. Hermanos presentes y hermanos ausentes.
Mi padre aprieta, pero nunca ahoga.
Ahora bien, ya luego, cuando quiere, mi padre mata. Mi padre quita la vida y escenifica vuestro último acto y lo llama la muerte.

Es una interpretación que ya nunca podrá recordar el que lo protagoniza. Pero también es un último acto que ya nunca podrá olvidar quien lo contempla.

Aprended a ver morir. Y uno vez que lo hayáis aprendido sabed que seguís vivos porque habitáis el mismo cuerpo que habitábais, pero apartad de vuestra mente la idea de que seguis siendo los mismos. Ya no sois vosotros. La contemplación de la muerte os ha parasitado.

El interés de los conductores de rebaños está en que superéis tal enfermedad. En que repitáis los actos repetidos con la misma eficacia y desenfado como si no os hubiera pasado nada. Y en tal cosa están interesados tanto los fariseos como los escribas.

—Hay que seguir—os dicen. —Hay que seguir—os arrean.

Renegáis de vuestros gobernantes. Clamáis porque lleguen a modificar su conducta repugnante.

Pero ninguno de vosotros da el paso necesario para modificar vuestra propia conducta.

Argumentáís:

—¿Y de què sirve que cambie yo la mía? Son ellos los que tienen que cambiar. Son ellos quienes abusan de su poder. Son ellos quienes sin ningún escrúpulo se apoderan de los bienes de todos.

Y yo os pregunto: ¿Sois diferentes a ellos? ¿O es sólamente que carecéis del poder que les habéis otorgado? ¿Sois diferentes? ¿Aparte de en vuestros balidos de ovejas hostigadas por los lobos, en què sois diferentes?

—Yo no soy mientras no soy—soléis responder.

Y yo recojo vuestra palabra. Mientras no sois corruptos, no sois corruptos. Y os respondo:

¿Vuestra condición de no corruptos os hace necesariamente justos? ¿O sólo os convierte en mendicantes a los que no les ha sido concedida la oportunidad de corromperse?

Os invito a vivir en el gozo de renunciar a poseer. Os invito a vivir en el gozo de todo lo que os es ofrecido sin necesidad de percibirlo como vuestro, más allá del momento aquel en el que lo disfrutáis. Os invito al pan, al agua, al aire y al amor. Os invito a la sonrisa y a la palabra amable. Y os invito a no estar solo atentos al mal que os hacen, sino al bien del que os permiten disfrutar.

Ellos tienen mansiones, vosotros tenéis chozas. Ellos tienen piscinas, vosotros tenéis ríos. Ellos comen cordero, vosotros coméis pollo. Ellos tienen lujosos vestidos, vosotros tenéis humildes ropas ¿Acaso preservan más del frío sus lujosos vestidos que vuestras humildes ropas? ¿Acaso alimenta más el cordero que el pollo?

Ellos tienen automóviles, vosotros tenéis pies ¿Acaso es más importante el llegar antes que el llegar a tiempo?

Queréis lo que no tenéis, no porque preciséis tenerlo; sino porque otros lo tienen.

Sólo hay un bien al que estáis legitimados a envidiar del que lo tiene. Es el bien de la salud para poder disfrutar de lo que tenéis y de lo que no teniéndolo os es ofrecido como patrimonio común de todos vuestros semejantes y vuestro por añadidura."

Cuando acabó de hablar, se retiró sin haber recogido ni el canasto del pan duro ni el canasto de las latas de sardinas. Se sentó en el borde de una de las yacijas, apoyó los codos en las rodillas, se puso una mano en cada mejilla y comenzó a llorar.


_________________
"El pensamiento es una de esas cosas a las que siempre conviene agitar, antes de usarlas"
Manuel
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Manuel



Registrado: 27 Jan 2005
Mensajes: 1950

MensajePublicado: Sun Aug 29, 2010 2:37 pm    Asunto: Responder citando

Otilia apareció con un algo debajo del brazo que parecía como un regalo. Un algo del tamaño de de una revista semanal de las llamadas del corazón, pero envuelto en papel de regalo con su cintinta de color dorado y con su florecita de papel cubriendo el anudamiento.

Estaba nerviosa.

Él le ofrecio lo de siempre: una banqueta para que se sentara, la jarra de madera rotulada con el nombre de "Otilia" y la leche desnatada. Ya luego le preguntó:

—¿Qué traes ahí.

Ella no sabía donde colocar la jarra para intentar enseñarle lo que traía "allí".

—Ponla en el suelo.

Lo que traía "allí" era un retrato de su difunto hermano Juan.

—Es para ti.

Él miró aquel retrato del tipo al que tantas veces había ofrecido vino del de cartón servido en jarra de madera, colocó las facciones de la cara en lo más solemne que alcanzaba a hacerlo , y preguntó al modo de lo de con seriedad:

—¿Para mí?
—Sí. Me gustaría verlo cada vez que vengo a visitarte.
—Pero es que yo aquí ya no tengo donde poner una cosa más, Otilia.
—Algo se te ocurrirá.

Sí. Algo se le ocurriría, por supuesto. Como inició, lo dejó boca abajo sobre una de las yacijas, cogió los cestos de pan duro y de sardinas enlatadas, los colocó donde siempre y comenzó a hablarle al romero y a un petirrojo que estaba posado sobre una de las remas del romero: También estaban por allí, Dingo, Madre, cinco ardillas, tres mirlos, un jilguero y una mariposa de alas mitad marrones y mitad blancas.


"Hermanos en mi padre—dijo—. Allá abajo, junto al río, donde a estas horas comienzan a deambular bichos como Otilia y como yo, se piensa.
A nuestros hermanos no les es bastante con luchar por alcanzar el pan de cada día, sino que además se permiten el ocio de ejercer la libertad de pensar. Es algo que todavía les es permitido hacer sin tener en cuenta si hay ley o no la hay que lo regule. Se les permite pensar y respirar. Y ya no hay ninguna otra cosa que se les permita hacer sin que la tal se pueda al modo de no tener en cuenta las normas que la regulan. Son hombres libres, de los de en la modalidad de regulados."



Con gran asombro de todos sus oyentes, entro en la cabaña y regreso con el retrato de Juan.

Se dirigió a Otilia y le dijo:

—Ya sé que hacer con él. Lo tendré metido en el cesto de las sardinas.

Otilia sonrió.

—Pero hoy lo colocaré ahí, sobre la peña, para que me pueda escuchar bien lo que os digo.

La peña era una de las peñas, pero era la que estaba más cerca. Peñas, "pañatos", de roca caliza que salpicaban aquí, más aquí y allá, e incluso más allá, todo que era el predio cercado de setos de romero.
Cuando el retrato estuvo bien asentado y encarado, regresó a la puerta de la cabaña y continuó:

"—Viven sin otra libertad que la que les quieran dar. Y cuando piensan, se consuelan creyendo que viven con la libertad que ellos mismo se dan. Son felices, porque han aprendido a no pensar en la muerte: ese acto de vida que consigue romper la rigurosidad del apotegma que dice: "no dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy". Son bichos ordenados, rigurosos en sus costumbres, cumplidores de horarios y, por lo general, se lavan con agua. Son el gran regalo que desearía tener todo pastor sin demasiado anhelo por el gozo de trabajar. Se los puede contar con un mínimo margen de error: tantos durmiendo, tantos enfermos mentales desvelados, tantos gozando con el ejercicio de la relación sexual, tantos atiborrándose de leche con galletas para conseguir el sopor. una digestión dura que les permita seguir durmiendo, tantos trabajando, total: 341.627. Sobre un conjunto de 342.000, 373 incontrolados. Pero sólo son fijos discontinuos. Mañana, dormirán"


Entonces, fue hacia el retrato, lo recogió y lo metió en el cesto de las sardinas.

—¿Ya acabó?—preguntó Otilia.

—Hoy sí; pero mañana más. Es que quiero que quiero mantener una conversación de las del modo de a solas con tu hermano Juan.

—¿Debo irme?
—No Otilia, no. Basta con que permanezcas callada.Ya luego te contaré de lo que hemos hablado.

Al día siguiente, Otilia volvió a subir. Era una cosa extraña. Solía hacerlo cada quince días. Le extrañó hasta a Dingo, que en vez de ir a su encuentro para guiarla hasta la puerta, se limitó a ladrale, hasta que la buena mujer ya estaba casi llegando a la cabaña. Y venía otra vez con un envoltorio similar al del día anterior. Lo desenvolvió ellá misma y dijo:

—Vas a pensar que soy una pesada. Pero es que quiero que cuando me muera, me hables. Pero que le hables a "ésta", no a la mujer que ahora ves. Me pones junto con la foto de Juan.

Era el retrato de una mujer como de treinta y cinco años, una mujer bellísima, una mujer morena, de melena hasta los hombros, que había mirado directamente a la cámara que la retrataba con ojos airados y desafiantes; una mujer que aparecía vestida con una chaqueta oscura y blusa camisera blanca.

—Yo nunca amé, Manuel. Quise mucho a mi marido, pero yo nunca amé.

Se dio la vuelta y comenzó a descender. Esta vez, Dingo sí se le puso delante para llevarla hasta el romero.

—¿No quieres un poco de leche desnatada?

Ni se volvió para contestarlee. Sólo levantó una mano y la agitó de izquierda derecha, a modo de decir no.

(Otilia murió el el día 24 de Abril de 2010, veinte días y una hora y tres cuartos después de haber muerto Olga. La última vez que subió a la cabaña fue el día 19 de marzo, día del padre y San José, y vispera de la primavera)
_________________
"El pensamiento es una de esas cosas a las que siempre conviene agitar, antes de usarlas"
Manuel
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Mostrar mensajes de anteriores:   
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> El Gallinero Todas las horas son GMT + 2 Horas
Ir a página Anterior  1, 2
Página 2 de 2

 
Cambiar a:  
Puede publicar nuevos temas en este foro
No puede responder a temas en este foro
No puede editar sus mensajes en este foro
No puede borrar sus mensajes en este foro
No puede votar en encuestas en este foro


Powered by phpBB © 2001, 2005 phpBB Group